jueves, junio 23, 2011

Recordando aquellos años...

Recientemente alcancé mi primer mes de treinteañera y confieso que me encanta. Primero, nadie me cree la edad, por eso soy sincera cuando me la preguntan. Segundo, he llegado a ese punto de mi vida donde "entiendo" a mi mamá y siento un deseo casi incontrolable de decírselo.

Claro, dije que el deseo es "casi" incontrolable, así que el momento de darle la razón tardará un poco porque no voy a darle esa satisfacción así, tan fácilmente...

Nuestra familia no tuvo características convencionales, en parte porque ella misma nunca lo ha sido, pero además, la libertad de ser sólo nosotros tres (Ella, mi hermanito Luis Armando y yo) hizo que la infancia y, por qué no, hasta la adolescencia nuestra, estuviera dibujada con otros colores.

En casa siempre hubo regalos sorpresa, de esos que aparecen porque sí: una buena nota en el cole, una buena noticia que celebrar, un logro alcanzado, una necesidad urgente de ánimo. Cualquier excusa era válida para recibir un paquete grande o chiquito que contenía algo especial.

En casa siempre hubo estrenos navideños y de año nuevo, estrenos de cumpleaños, estrenos de día del niño y hasta de día de Reyes. Y no hablo sólo de una camisa o unos zapatos, no señor, era la pinta completa de adentro hacia afuera y ¡TODO combinado!

En casa los cumpleaños eran súper importantes, con cantada de cumpleaños feliz antes de salir de casa, torta esperando en el colegio y en la casa, tarjeta en el regalo y permiso de acostarse tarde aunque fuera día de semana. Era tan importante que, durante años, le celebrábamos el cumpleaños hasta a las muñecas y se les compraba torta, gorritos y serpentinas. 

En casa, y este es uno de mis primeros recuerdos, había incontables rollos de papel de camilla, que mi mamá usaba para que yo caminara con los pies pintados con tempera, siempre de un color diferente... 

Pasábamos horas pintando y divirtiéndonos, incluso cuando accidentalmente una pared resultaba salpicada. 
Con mi mamá, no había imposible artístico.

En casa se bailaba los domingos por la mañana y, si algún desafortunado accidente (como la ceja de Luis Armando atropellando al equipo de sonido) ocurría, mi mamá jamás apagaba la música. Se resolvía el problema, se curaba al herido (y se limpiaba el equipo de sonido, lógico) y seguíamos con nuestras coreografías. Aunque mi hermano se hizo más renuente a bailar, por razones obvias, mi mamá y yo lo seguimos haciendo por años.

En casa una cama matrimonial alcanzaba para tres personas que, a medida que fueron creciendo (y hablo de Luis A. porque yo tengo el mismo tamaño desde hace mucho) aprendieron a acomodarse y reacomodarse para compartir ese espacio. Ahí se hablaba de todo, hasta altas horas de la madrugada, sin respetar ni el descanso de los vecinos (que se tuvieron que calar nuestras risas) ni el nuestro. 

En casa, en MI hogar, fui feliz siempre, 
hasta cuando me parecía que no lo era...

Hoy, a mis 30 años, empiezo a buscar un espacio para construir mi propio hogar, donde tener mi propia "Despensa Mágica", donde poner música para bailar los domingos (por la tarde, porque la mañana es para dormir) donde decorar con fotos históricas y recuerditos de mi hogar venezolano, donde desordenar y después verme obligada a recoger porque nadie más lo hará por mí... 

Y siempre estará la voz guía de mi mamá, diciendo cómo guardar el mercado, dónde poner el TV, cuándo cambiar de lugar los muebles y por qué no está bien acostarse en la cama con la ropa que usé durante el día.

Extraño a mi mamá, extraño a mi hermano... Extraño mi casa y sus costumbres... Pero sobre todo, extraño los momentos en que mi familia dejaba al descubierto su peculiaridad, pero siempre en privado, cuando estábamos solamente los Chatrán!!!

lunes, mayo 16, 2011

Buuuuu ¡soy el fantasma de los 30!

El día más cliché para la vida de cualquier mujer está por alcanzarme y no sé cómo tomarlo… Los 30, hasta hace unas generaciones, implicaban la decadencia de la persona, el inicio del envejecimiento, de los dolores, las enfermedades y los achaques. 

Tener 30 era algo así como haber llegado a la cúspide 
y empezar a descender.

Pero en este siglo, los 30 han sido reinterpretados como el comienzo de la vida, de la independencia económica, emocional, social, el punto de partida para el éxito femenino, ese género ahora fuerte, capaz, de múltiples actividades y habilidades. Un éxito, además, que no se mide por la cantidad de hijos que tienes o cuántos años llevas con tu esposo, ¡ni siquiera necesitas uno! Así que confieso mi emoción ante la llegada de este momento.

Como en años anteriores, temo siempre que al despertarme el día 21, mi cara haya cambiado, que me hayan salido 100 canas más y todas en el mismo sector de la cabeza, que de pronto me crezca una horrenda panza o se me brote la celulitis. Sin embargo, si antes nunca ocurrió, supongo que este año amaneceré con la misma cara de destrucción post-celebración precumpleañera, el cabello violeta despeinado y el cuerpo recordándome (como lo hace desde que cumplí 25) que eso de rumbear hasta el día siguiente no es lo mío.

Son 30 y no hay nada que me avergüence de decirlo en voz alta… A pesar de que por allí, más de uno me haya dicho “mujer que se respeta, nunca dice su verdadera edad”. 
¿Por qué ocultar una edad que, aunque la diga, nadie me la cree?

Voy a cumplir los años que voy a cumplir, sin miedos, sin angustias, sin apuros. No tengo esposo ni hijos, tampoco carro, casa o lujos, pero logré acomodarme perfectamente en un país extraño por mi cuenta, soy independiente, hago lo que me gusta y tengo un trabajo que jamás me presenta el mismo reto dos días seguidos. Estoy acompañada por un hombre que sabe lo que quiere y coincide conmigo en los planes futuros, pero vivimos sin ningún apuro, sin presiones.

Nunca aspiré tener una vida convencional, pero sí quise tener una vida construida por mis propios sueños, deseos e ideas, que podría no parecerse a esa que nos venden en la tv y nos inculcan en casa, pero que tiene todos los elementos para ser la vida perfecta para mí.

Tengo todo lo que necesito para cumplir 30 años y celebrarlo, para estar orgullosa de mi pasado e ilusionada con mi futuro pero, sobre todo, para disfrutar el presente, el aquí y el ahora, 
mi mejor regalo de cumpleaños!!!

martes, abril 05, 2011

Teoría de Parejas I

Creo que nunca había tenido que preguntarme si es necesario negociar qué lado de la cama pertenece a quién, hasta ayer, cuando mi novio me aviso que compró "nuestra" cama.

Lo gracioso es que desde que tengo memoria, me he apoderado de camas grandes y chicas, muy a pesar de mi estatura, sin respeto alguno por las preferencias de otro (que ha sido en la mayoría de los casos mi mami, porque sí, me encantaba dormir con mi mami)

Anoche, cuando hablaba con él por teléfono, mientras cerraba el negocio y cuadraba la entrega de la cama, recordaba que hace varios años compré un magnífico y algo exagerado juego de cuarto para "cuando me case". Nunca ocurrió, pero disfruté de esa enorme cama cada noche, sola, gigante, durmiendo cabeza arriba, cabeza abajo, diagonal, con las piernas colgando... En cualquier posición que pudiera, total, era MI cama y podía hacer lo que quería.

De verdad estoy preocupada: ¿preferirá el lado izquierdo o el derecho? ¿es de los que tienden la sábana tipo hotel o más bien lanza el cobertor encima y ya? ¿usa todas las almohadas? ¿me dejará comer en la cama? ¿pintarme las uñas en la cama? ¡¿saltar en la cama?!

Será hasta mañana en la noche que tenga oportunidad de aclarar algunas de estas dudas (lo de saltar en la cama lo intentaré cuando la relación esté un poco más avanzada) pero por ahora me ilusiona la idea de que él haya comprado el tipo de colchón que a mí me gusta, el tipo de almohada que prefiero y se haya ido a dormir pensando que hay una mitad de esa cama que es mía...

jueves, marzo 17, 2011

Descubriendo (a diario) a Argentina...

Desde que llegué a Argentina, mi vida es una constante sorpresa, es descubrir diariamente algo que me maravilla, me asombra, me engorda o me asusta. 

Después de las medialunas, la cerveza Stella Artois y el Submarino, mi vida nunca será la misma!!!

Y, a pesar de que ya me he familiarizado con la ladilla de meter micromonedas en un aparato para usar el colectivo, con los botoncitos que indican la parada en vez del sonoro "por la parada, señor" y con las paradas señalizadas, que quedan convenientemente lejos de la esquina a la que te diriges, todavía me abruma la amabilidad permanente de los choferes, los asientos limpios, sin textos románticos/vulgares en los espaldares, el silencio del viaje sin reproductor y los amplios espacios para ir de pie (que siempre están llenos pero son menos incómodos, pues)

En el automercado, la situación no es diferente... Empieza con la sensación de alegría que me invade al ver todos los anaqueles llenos, aumenta con la posibilidad de elegir entre numerosas marcas (que ya por descarte he ido clasificando como buenas, malas e incomibles) y me supera cuando llego al área de los cereales o las frutas. ¡Hay tanto, de tantos colores, que elegir una o dos resulta imposible!

A la hora de almorzar, siempre roto las milanesas de pollo o carne, las pizzas, las pastas y el sushi y, aunque me afecta la falta de tajadas en el menú, no me quejo tanto. Se que no es la comida más sana, pero desafortunadamente, los argentinos son bastante básicos a la hora de comer, sobre todo si esa hora dura sólo una hora =/

Aprendí a cocinar, así que de vez en cuando me inspiro con un pollo al verdeo, o al vino, unas arepas para no perderme y las panquecas para sentirme cerca de casa... Hay sabores que te remiten a ese lugar feliz llamado "hogar", como la sopa de pollo que me atreví a preparar, imitando los movimientos que mi abuelita hacía una y otra vez en la cocina. De memoria me salió una sopa que conquistó hasta a un exigente estómago argentino.

El clima, debo decir, ha sido el mayor de mis desafíos: "La temperatura en Buenos Aires 13 grados, hoy con mínima de 9 y máxima de 24". Si alguien me explica cómo hace uno para vestirse con esos pronósticos, se lo agradezco. Lo mejor es que, si pronostican lluvia, el 90% de las veces llueve, así que respeto el segmento del tiempo y tomo en cuenta sus sugerencias... Aunque tenga que ponerme un bikini con abrigo encima!!!

Finalmente, lidiar con mi propia identidad es la batalla que libro a diario. En la oficina me han colocado de usuario mi segundo nombre "Lucía", así que ahora soy Lucía para todos, a pesar de mis enormes esfuerzos por mantener el Diana vigente, en la firma de mi email y en los comentarios del software con el que trabajo. 

Si Mickey dice que me llamo Lucía, 
quién soy yo para contradecirlo?

Así, vivo cada día sin demasiadas expectativas, pero preparada para una nueva sorpresa... Igual no son muchas mujeres las que puedan decir que las ha piropeado el maquinista de un tren en movimiento!!!!!

lunes, enero 24, 2011

Cantando Thank U de Alanis...

No tengo intención de desnudarme, ni de meterle a los agudos de Alanis, pero en mi interior, suena una y otra vez esa canción... Por qué tan agradecida? Se preguntarán, les contestaré con una sonrisa gigante: Por TODO!!!

Mañana comienzo una nueva vida, esa que quería desde que descubrí a Argentina en el mapa, a los 9 años, la misma que nunca me atreví a desear en voz alta, por temor a que los cocodrilos-come-sueños me arruinaran la ilusión. Mañana diré " Sí se puede!!!"

Pero no es sólo eso, mi agradecimiento se ha manifestado desde hace por lo menos 2 semanas, cuando Dios en su infinita misericordia, me mostró su rostro en reiteradas ocasiones, como recordándome que Él siempre está allí, cerquita.

Desde encontrar dónde vivir, de gratis, por un mes, hasta obtener mi residencia en tiempo récord, pasando por tener arepas, tajadas y Smirnoff Ice en mi mesa de Navidad y el novio argentino que me encontró, me eligió y decidió encargarse de mí en los tiempos desesperados. Todo esto me trajo un mensaje recurrente de Dios: No estás sola, no te faltará nada.

Ahora, mientras escojo la ropa para ir a firmar mi contrato laboral y recojo todo para mudarme a mi nuevo hogar, pienso en los malos momentos y me río, porque sabía dentro de mí que nada malo podía durar tanto... Y así, cierro un nuevo capítulo de mi vida... Para empezar una nueva temporada, con nuevos protagonistas y escenarios, pasado mañana.

viernes, enero 07, 2011

Una precaria historia...

Hace unos días, escribía llena de odio por los trámites burocráticos que me alejaban del sueño que casi, casi parecía cumplido: Vivir y trabajar en Argentina.

Desde ese día, hasta hoy, la vida me ayudó poniendo cerca de mi a gente con ganas de ayudarme, con modos de hacerlo. Pero fue mi hermano el que, con ingenio, manipulación y grandes dosis de fe, lo logró!

Gracias a Facebook, y después de haber molestado a diputadas, ministros y asesores de la presidencia del país del sur, finalmente contactó al hombre con el poder de decidir si me quedaba o me iba: el Director Nacional de Migraciones, Dr. Martín Arias Duval.

En un día, este señor se enteró, se interesó y revisó mi caso, me llamó a una reunión para verificar que todo fuera cierto y me ayudó a conseguir la residencia Precaria, esa que colmó mis pesadillas hasta generarme un ataque de ansiedad!

Ahora, escribo sosteniendo este papelito famoso en mi mano derecha y con una sonrisa gigantesca...

Agradeciendo a Roberto Maldonado y a la Intendencia de Luján, que intentaron llegar por un lado; a la Diputada Silvia Majdalani y su asistente Marta, que atacaron otro flanco, al Dr. Aníbal Fernández y a Sonia, su asistente, que tomaron otro frente y, finalmente, al Dr. Arias Duval y a Mariano, su asistente, quién me acompañó a entregar los recaudos y se aseguró de que me atendieran rápido y bien.

Estoy feliz y dispuesta a retribuirle a este país su eficiencia y amabilidad con trabajo, productividad y una palabra siempre positiva para describir tanto a Argentina como a su gente.

Ah! Y gracias a Dios, porque sin su ayuda y la de San Rafael, me habría devuelto a Venezuela hace 2 semanas!!!!!!!