jueves, mayo 31, 2012

Caracas, ¡ingrata!

Me acuerdo claramente del día en que mi mamá me obligó a mudarme de la ciudad que me vio nacer. Era agosto de 1989, apenas Caracas se recuperaba de ese febrero nefasto, doloroso, terrorífico, pero para mi mamá no había retorno...Después de haber enfrentado muy de cerca la posibilidad de integrar es larga lista de desaparecidos, la decisión era una sola y era irreversible: nos mudábamos a Cabudare, al pueblo.

Para mí, fue como arrancarme de raíz de la macetita donde crecí, perdí las ganas de seguir adelante con mis actividades artísticas, perdí las ganas de hacer amigos, perdí la alegría de estar todos los días con mis abuelitas, perdí mi Ávila, mi metro y hasta mi Río Güaire, porque aunque sucio, era mío.

Llegué a un lugar que no tenía ni teatros, ni cines grandes, su parque del este estaba amarillo y seco, su equipo de béisbol era hostil con el mío...Qué lejos estaba de todo lo que me había hecho feliz, que breves las vacaciones en que podía volver y trataba de disfrutar desde el primer hasta el último día, antes de volver a esa casi-ciudad que ni era mía ni se molestaba en disimularlo.

Pero los años pasaron, crecí y pude independizarme, encontré un trabajo y empecé mi nueva vida, en Caracas. Mi refugio, mi caos, mi lugar feliz, mi locura perfecta. Cada parque, cada teatro, cada feria, cada centro comercial, cada camionetica y cada parada, todo era mío, era mi mundo.

Cada mañana me bebía el Ávila en pleno desde la ventana de mi cuarto, tomaba el metro cuando me convenía y, cuando no, siempre la camionetica Petare - Carmelitas era útil. Caminar entre los buhoneros, la música pachangosa, los libreros informales de las Fuerzas Armadas y las tiendas de ropa infantil que me vistieron en el pasado, pasar por la panadería, saludar a los vecinos de la zona y llegar a casa, esa era mi rutina feliz...

Y cambiaste Caracas, primero de manera sutil, un atraco, un susto, un comentario trágico en la oficina. Luego te hiciste más tenebrosa, disparos a la mañana, mi primer cadáver en vivo, tener que pagar un taxi para ir a un médico que estaba a 6 cuadras, subirme a dos camioneticas porque caminar hasta la casa se ponía peligroso.

Un día dejaste de parecerme ese refugio feliz, Caracas, cuando salí a trabajar y, esperando que cambiara el semáforo, me quitaron hasta el espejito de mano. Eran las 7:30 de la mañana y había 8 personas más a mi alrededor, pero tú dejaste de cuidarme a mí, a esa caraqueña que te defendió cada día de su vida.

Así me fui, Caracas, me alejé de ti para proteger mi vida...Y te vengaste robándome la tranquilidad a distancia, mandándome miedo a través de las noticias en internet, de las que emiten en la tv argentina, de los cuentos de mis amigos. Hoy me jugaste sucio al meterte con mi mamá, al hacerme pensar en las múltiples cosas malas que podían pasarle al visitarte...¡Muy mal, Caracas, porque mi mamá es sagrada!

Ya no te quiero como antes, ni confío en ti, ni te extraño, ni te defiendo...No volverás a ser ese refugio, ese lugar mágico, garantía de felicidad, porque amenazas mi paz, porque temo por la seguridad de los que amo y que dejé allá porque no me cabían en la maleta. No esperaba eso de ti, Caracas, y no sé si pueda perdonarte, pero por favor, te pido que respetes la integridad de mis amores, que alejes tu violencia, tu agresividad y tu peligro de ellos, porque no es justo que ni ellos ni yo vivamos con miedo...

Y ojalá un día pueda dejar esto atrás y regresar a tu valle, a hundirme en tu Ávila majestuoso, a tirarme en el parque del este a leer y ver perezas cayendo de los árboles, a sentarme a beber en El León, a pasear por el boulevard de Sabana Grande y comer pizzas en el Royal, a meterme en los museos a divertirme, aunque no aprenda nada. Cuando recuerde sólo eso, y no el miedo que te tengo, volveré...Mientras tanto, por favor, ¡con los míos no te metas!

lunes, abril 02, 2012

Sumando meses...

17 meses...16 meses...5 meses... Todos esos números tienen un solo significado en mi vida, hoy: He tomado las decisiones correctas, por las razones válidas para mí sistema personal de creencias (no digo que hayan sido las MÁS correctas) y en los tiempos que creí apropiados.

Me enamoré, primero de Buenos Aires y después, de Sebastián...y eso me ató a esta ciudad. Nunca imaginé que tan lejos de mi país encontraría un hogar, una familia y una vida feliz. 

Sí, soy feliz y todavía me sorprende sentirme así!!!

No diré que carezco de nostalgia, de momentos tristes o de la necesidad de vigilar de cerca Despegar.com, por si alguna oferta ridículamente buena me alborota las ganas de ir a Venezuela, pero admito abiertamente que este es mi lugar en el mundo, que desde que llegué, confirmé que nací en las coordenadas equivocadas. Nada que reclamar a mis padres ni a mi entorno original, pero fue muy obvio desde el primer día que esta era la ciudad que necesitaba para sentirme en casa.

Desde mi cama, hoy, reflexiono sobre cómo una decisión que parecía tomada a las carreras cambió todo para mí, me doy cuenta de que sin Dios en el medio, nada habría sido posible, y pienso en cuanto me gustaría poder compartir esto con las personas que mas amo en el mundo: mi mami y mi hermano. Me dirán que "todo a su tiempo" y tendré que aceptar eso, porque aún faltan algunos ajustes para pulir esta vida que construí en tiempo récord.

Mientras tanto, celebro discretamente mi genial elección 
y vivo lo que de ella salió. 

domingo, noviembre 27, 2011

Extranjera...

Una cosa en sentirse en casa y otra muy, muy diferente es estar en casa. Nunca quise ver la diferencia, pero esta semana dos hechos altamente desagradables me han obligado a enfrentar esa realidad: este no es mi país, no pertenezco a este lugar.

Dejo en claro, por supuesto, que las dos personas involucradas en estos hechos son personajes de esos que uno llamaría "bajos" en la cadena alimenticia, los eslabones menos favorecidos, pues. De este modo, no reprocho a la sociedad argentina en general, sino a estos sujetos que tienen una visión bastante limitada de lo que es el mundo. 

No usaré la palabra "globalizado" porque es muy probable que 
ni siquiera forme parte de su vocabulario.

El primero, taxista de madrugada, de esos que trabajan toda la noche transportando a quienes nos hemos divertido largas horas. A la hora de pagarle Ar$ 30 con 20 centavos, sacar las monedas me tomó más tiempo del que él hubiera deseado, seguramente porque está acostumbrado a llevarlas en el bolsillo, pero yo uso un monedero. Acto seguido me dice: "Si yo estuviera en tu país seguro no me dejan hacer eso, allá en Chile sí me obligan a pagar con centavos y todo".

Mi cara de ¿AH? no debe haber bastado porque siguió: "Como sos una chilena de mierda no pagás". Tuve que tragarme la risa porque me pareció de muy mal gusto el comentario, pero infinitamente gracioso que me confundiera con una chilena, e inmediatamente repliqué: "Ehm, disculpe pero¿ de dónde saca usted que yo soy chilena?".

Habría pagado por documentar esa cara con mi cámara!!!!! Y empezó a balbucear que igual, del país que fura, todos eran unos ladrones y nunca pagaban, que por eso este país se había ido al carajo, bla bla bla. Le dejé un billete de Ar$ 5 que a mí no me hacía falta pero, evidentemente a él sí, para comprarse un mapa y aprender dónde está el mundo real: ¡afuera!

Hoy a la mañana, me despierto para enterarme que anoche el portero de mi edificio se tropezó con Sebastián y, después de un breve intercambio de palabras, el sujeto se sorprende al darse cuenta de que él es argentino. En consecuencia, hace la pregunta más brillante de la historia de los porteros: "Y, entonces, ¿qué hacés con una extranjera?"

Es una pena que no me haya preguntado a mi, porque yo habría sido bastante elocuente: soy solidaria, trabajadora, buena compañera, honesta, tengo un sentido del humor universal, cero histérica, poco superficial, con una visión de mundo bastante amplia y...claro, un polvo excepcionalmente bueno!!!


Si en 15 años, no encontró una mujer lo suficientemente buena acá, y ahora quiere casarse con una venezolana por algo será...

Conclusión, esos seres grises y miserables, que no conocen el mundo más allá de su taxi o los pasillos que limpian, esos que odian sacarle la basura a colombianos, dominicanos, senegaleses o venezolanos, o los que mueren de envidia porque nos dejan en la puerta de boliches, bares o restaurantes para luego continuar con sus jornadas de trabajo insatisfactorias, independientemente de la nacionalidad que tengan, jamás van a poder reconocer el esfuerzo, la paciencia y el coraje que implica irse a otro país a empezar desde cero.


La ignorancia, el resentimiento y la miseria, definitivamente,
 no necesitan pasaporte ni respetan fronteras.

jueves, noviembre 17, 2011

Historias domésticas…

Sabemos que en la vida nada es perfecto. Podemos mirar una película y sacar de allí la medida de todo lo que NO ES la vida, porque hasta cuando los protagonistas tienen problemas, lloran 3 minutos y, acto seguido, la resolución de la historia hace que salga el sol, canten los pajaritos y todo pase.

En la vida, sale el sol después de un palo de agua que te arruina los zapatos, te moja la ropa recién lavada y te destiñe el pelo recién saliendo de la peluquería, y en ese momento, mientras el sol se asoma tras las nubes que se alejan, pasa un carro último modelo y te echa toda el agua que estaba empozada en el borde de la calle. Y, entonces, pasan dos pajaritos cantando y uno te caga la blusa blanca que acababas de sacar de la tintorería.

Cuando me mudé estaba segura de que la mitad de mis problemas, básicamente los relacionados con el traslado de ropa y accesorios los fines de semana, estaban resueltos. Creí que al dar ese paso tan serio, tan adulto, estaba avanzando hacia alguna parte…pero no había un cartelito que me advirtiera lo que venía.

Nunca hago mercado completo, yo con comprar lo de la semana, estoy bien. Pero ahora, en mi casa, quería empezar a ser más organizada así que el domingo hice mercado para todo el mes y parece que Murphy se enteró, porque dos días después la nevera se jodió. 6 kilos de carne/pollo/pescado, frutas y verduras, mermeladas, queso fundido, manteca, y una larga lista de cosas que necesitan refrigeración, hoy aguardan ante un futuro incierto.

No obstante, cuando creo que el hombre de la casa puede resolver, su solución es: “Amor tranquila, mañana le doy la llave de la casa a uno de los técnicos del trabajo y él viene rapidito a desarmar la nevera, llevarse el motor y listo”…mi mente se quedó pegada en el “le doy la llave de la casa a uno de los técnicos”.

¿En qué carajo está pensando? Básicamente hay equipos en la casa que cuestan 3 veces más que la fulana nevera-de-segunda-mano, obvio. En mi casa no entra nadie sin que yo esté (o en última instancia, él), así que acto seguido, le dejé muy claro que esa no era una opción.

Él es el hombre de la casa, yo soy el cerebro.

Antes de esto, ya hemos tenido una cantidad de situaciones incómodas que me han obligado a cuestionar la realidad que he construido a su lado estos días. Mi terapeuta me pide que cuide mi comunicación verbal y no verbal, mis amigas me recomiendan paciencia, mi mamá me pide que le baje a la crítica, mi jefa me asegura que es temporal, mi horóscopo me dice “vas por buen camino”…Y yo me vuelvo loca tratando de adivinar cómo avanzar en esta relación que se ha vuelto un Frankestein.

No me malinterpreten, estoy feliz de tener un hombre a mi lado que me ama [a su modo obvio], me respeta y me apoya...Pero la combinación de estas dos personalidades en un apartamento de dos ambientes es bastante explosiva…

Seguiremos informando...

martes, noviembre 08, 2011

Hogar "dulce" hogar.

¡Me mudé!

Después de darle largas al asunto, de asustarme, de traumarme, de luchar contra la idea romántica y contra el pragmatismo, de hacer cuentas, de hablarlo con mi mamá, mis mejores amigas y mi almohada...¡me mudé!

No es que sea un acto tan relevante como para decirlo de ese modo, pero veamos: Tras 7 años de relación "formal" con alguien que ya dejó de ser alguien, las cosas nunca cuajaron (dirían en mi pueblo) así que había renunciado ligeramente a la idea de tener una relación normal que me llevara todos los días al mismo lugar: la casa conjunta.

Entonces, al mes de empezar a salir con el argentino que me volteó la vida, escuché la frase más absurda, escalofriante y graciosa de mi vida: "Di, quiero vivir con vos". De la risa a la histeria en 30 segundos, entendí que el futuro previsible de esa relación sería una mudanza, donde tocaría negociar el clóset - placard, el lado de la cama y la distribución de los víveres en los estantes. Nada que sorprenda a cualquier mujer con vida doméstica.

Pero YO, Diana Silva Franco, no soy una mujer con vida doméstica...o debo decir, era, porque ahora soy otra persona: La que se levanta a las 7 am para fregar, recoger, tender la cama y separar la ropa sucia, antes de vestirse y salir a trabajar, la que programa el café en la noche para que esté recién hecho antes de que Sebas vaya a su oficina, la que deja las uñas restregando el trapito de la cocina para que no deje olores raros...

¡¡¡Soy ama de casa y nadie me avisó!!! 

Lo peor, o lo más curioso, es que nadie me entrenó formalmente para esto, sino que se me han ido saliendo los "Mercedismos" a medida que pasan los días, en un momento no sabía cocinar, ahora le meto hasta al risotto y el strogonoff, no limpiaba, ahora dejo reluciente el baño, desordenaba hasta la mesa del comedor, ahora mi casa es la propia salita de monjas... Soy mi peor pesadilla.

Eso sí, aunque parezca que entro en pánico, la verdad es que es divertido notar mis cambios con la ayuda de otros. Ayer una de mis amigas me ve caminando con una enorme caja que contenía dos potes de basura cromados (hermosos) y me dice: te veo contenta con esa cajota. Entonces me di cuenta de que cambié mi alegría post compra de zapatos caros, por la alegría de comprar cosas lindas para mi casa.

Aún no sé si soy una adulta haciéndose cargo o una niña grande jugando a tener su casita, pero de cualquier modo, 
estoy segura de que lo voy a hacer bien.

Con Sebastián, estamos tratando de que cada día que pasamos en nuestra casa sea armónico, pacífico y positivo, a pesar de que los ajustes del comienzo atenten contra ese propósito. Si alguien tiene sugerencias, consejos, ideas y/o advertencias, por Dios, díganmelas, porque lo que soy yo ¡¡¡estoy como pajarito en grama nueva!!!

lunes, octubre 17, 2011

♪ No voy en tren ♪

En realidad, voy sola en el tren.

Sí, el maquinista me acompaña desde su cabina, pero de los 5 vagones que conforman esta formación, sólo uno transporta a alguien: el mío.

Estuve a punto de bajarme, al cuestionar la seguridad de mi solitario viaje, pero necesitaba llegar a mi destino. Me tranquilizó la idea de que otras personas pudieran abordar en alguna de las 11 estaciones que me separan del final. Pero aún voy sola.

Parece increíble que un tren normalmente abarrotado de gente, hoy esté casi vacío, me asusta eso. Es como cuando Tom Cruise 
despertó en una ciudad desierta, en Vanilla Sky.

Bien podría quitarme los zapatos, acostarme en el asiento, cantar en voz alta, bailar en el pasillo, pero no, temo que en la próxima estación sí aborde alguien.

Mientras, me obligo a disfrutar esta soledad, esta oportunidad de mirar con atención cómo es un vagón vacío, con sus asientos en más o menos buen estado, sus ventanas con vidrios ahumados, los sitios reservados para discapacitados, embarazadas y ancianos... "Podría sentarme en uno de esos" pienso, pero la fuerza de la costumbre puede más  y permanezco en mi lugar. Sola.

¿Por qué nadie ha querido viajar hoy?, ¿Por qué voy sola? Trato de no asustarme mirando por la ventana, percatándome de que fuera de este tren hay vida, hay gente.

Este es MÍ tren y lo tomé a tiempo, ¡qué suerte! 

Pero aún así, me pone algo nerviosa no tener a nadie con quién compartirlo. "Ahí, justo se subió alguien a otro vagón, ¿será que me cambio?". Bueno, ya no es MÍ tren, pero este sigue siendo MÍ vagón. 

La presencia de otro ser humano me da una sensación de falsa seguridad, pero me basta para seguir el viaje más tranquila. Ahora, que sea él quien se haga las preguntas...