lunes, octubre 17, 2011

♪ No voy en tren ♪

En realidad, voy sola en el tren.

Sí, el maquinista me acompaña desde su cabina, pero de los 5 vagones que conforman esta formación, sólo uno transporta a alguien: el mío.

Estuve a punto de bajarme, al cuestionar la seguridad de mi solitario viaje, pero necesitaba llegar a mi destino. Me tranquilizó la idea de que otras personas pudieran abordar en alguna de las 11 estaciones que me separan del final. Pero aún voy sola.

Parece increíble que un tren normalmente abarrotado de gente, hoy esté casi vacío, me asusta eso. Es como cuando Tom Cruise 
despertó en una ciudad desierta, en Vanilla Sky.

Bien podría quitarme los zapatos, acostarme en el asiento, cantar en voz alta, bailar en el pasillo, pero no, temo que en la próxima estación sí aborde alguien.

Mientras, me obligo a disfrutar esta soledad, esta oportunidad de mirar con atención cómo es un vagón vacío, con sus asientos en más o menos buen estado, sus ventanas con vidrios ahumados, los sitios reservados para discapacitados, embarazadas y ancianos... "Podría sentarme en uno de esos" pienso, pero la fuerza de la costumbre puede más  y permanezco en mi lugar. Sola.

¿Por qué nadie ha querido viajar hoy?, ¿Por qué voy sola? Trato de no asustarme mirando por la ventana, percatándome de que fuera de este tren hay vida, hay gente.

Este es MÍ tren y lo tomé a tiempo, ¡qué suerte! 

Pero aún así, me pone algo nerviosa no tener a nadie con quién compartirlo. "Ahí, justo se subió alguien a otro vagón, ¿será que me cambio?". Bueno, ya no es MÍ tren, pero este sigue siendo MÍ vagón. 

La presencia de otro ser humano me da una sensación de falsa seguridad, pero me basta para seguir el viaje más tranquila. Ahora, que sea él quien se haga las preguntas...

lunes, septiembre 26, 2011

La hija de Chucky.

Mucha gente que ha pasado por mi vida está convencida de que represento la bondad, la sinceridad, la solidaridad y la entrega, que soy tan buena como mi mamá, que a estas alturas raya en la santidad. Pero esa gente, en suma, ha pasado por mi vida superficialmente, fugazmente.

Aquellos, aquellas que me conocen mejor, saben que esas características si bien forman parte de lo que soy, no son las únicas. Esos, los que se quedan y me observan detenidamente, saben que soy como el peluchito de la ONA (ese con espinitas) capaz de generar ternura y cariño, pero peligrosamente agresiva cuando me hacen molestar.

Una antigua amiga me decía "Chuckyna" porque me vio siempre menudita, frágil, como una muñequita... Pero con una maldad innegable: Malpensada, maquiavélica, enrevesada, manipuladora, burlona, ácida, nada más me faltaba el cuchillo y perseguir a algún incauto.

No sé si soy TAN mala como ella creía, como otros me ven. Yo me defiendo, como dije, de la gente que me hace molestar, pero no pego, ni grito, soy más de esperar el momento en silencio, de escuchar atentamente hasta ubicar ese punto blando fácil de atacar... 

Un poco como Mayweather cuando noqueó a Ortiz, aprovechando el momento preciso en el que ese ingenuo bajó la guardia como un acto de buena fe, cuando TODOS sabemos que no hay "buena fe" en la pelea. Creo firmemente en el respeto, en la honestidad y la igualdad pero, si me la ponen así de fácil, también voy a noquear, sin pena ni remordimiento.

Si Ortiz se quería disculpar, debió mandarle 
un arreglo de frutas al día siguiente.

Y sí soy buena, solidaria, fiel, la mejor amiga de mis amigos, la incondicional cómplice de mi novio, la confidente más confiable de mi familia y mis hermanas del alma... Pero todos ellos han pasado mucho tiempo y muchas pruebas para ganarse ese beneficio. Quienes acaban de llegar, quienes creen que me conocen de pasada, quienes juegan a jugar conmigo, saben que se anotan en la lista de "Chuckyna" y pagarán el precio en algún momento.

"Quizá no te pegue con mi cáctus, quizá no te falte el respeto gritando o insultando, seguramente no haré reclamos 
ni exigiré una disculpa... Pero en breve, 
cuando necesites de un apoyo, de una compañía, de una conversación, entenderás que aún si fuéramos 
las últimas dos personas vivas en el planeta, 
yo escogería los votos de silencio y soledad, 
antes que entretener contigo mis días".  

viernes, julio 29, 2011

Como en primaria...

Desde hace algunas semanas he empezado a darme cuenta de cuánto y cómo aprendo, diariamente, algo. Puede ser uan tontería rutinaria, una nueva instrucción en la oficina o uno de esos monumentales descubrimientos de la vida en pareja, lo cierto es que cada una de esas cosas llega a mi vida de golpe, me abre los ojos y me deja con la sensación de haber presentado (y aprobado) algún examen.

Cuando estaba en la secundaria, creía que me las sabía todas... Cuando estaba en la universidad me las sabía, de hecho. Por eso digo que me siento como si estuviera de nuevo en la primaria, en esa etapa infantil llena de novedades, sorpresas y aprendizajes permanentes, cuando todo lo que pasaba era desconocido e interesante. Nunca fui una "sabelotodo" en esos años, por eso quizás, los disfruté tanto.

País extraño + ciudad extraña + relación nueva + trabajo nuevo 
+ entorno imprevisto + responsabilidades adicionales 
= Pajarito en grama.

He comenzado a ver características mías que nunca me atribuí, pero también detalles de mi personalidad que supe que tenía y jamás exploté, no sé si por flojera, por miedo o por falta de necesidad:

Soy de las que "se quedan", de esas personas que no desisten al primer NO, o al primer fallo. 
Soy de las que "se esfuerza" por mejorar las cosas que ya sabe hacer, por mejorar ella misma y también a los que están cerca. 
Soy de las que "se abre" a las críticas (sin agresividad, por favor) y a los regaños, asumiendo su responsabilidad y aprendiendo de sus errores. 
Soy de las que "se reinventa", porque si algo no funciona, no hay que desecharlo sin antes tratar de arreglarlo o, al menos, ¡tratar de ejecutar la garantía!
Soy de las que "se calla" cuando se da cuenta de que hay otra persona diciendo algo útil, importante o verdadero. Quizás no lo parezca, pero si hay alguien más inteligente que yo cerca, prefiero escucharlo.
Soy de las que "se interesa" por otros. Acá no tengo muchos amigos, pero esos que están, se han ganado mi solidaridad, mi apoyo y mi atención. Eso sí, no paso demasiado tiempo sola, pero tampoco demasiado tiempo acompañada.

Es posible que muchas cosas no parezcan "grandes descubrimientos interiores" pero para mí, son una especie de "revelación tardía de virtudes personales", que me ayuda a creer más en mí, a confiar más en mí y, al final, a saber que la gente sí puede cambiar, cuando los planetas están alineados correctamente y el universo dice "¡Sí!".

jueves, junio 23, 2011

Recordando aquellos años...

Recientemente alcancé mi primer mes de treinteañera y confieso que me encanta. Primero, nadie me cree la edad, por eso soy sincera cuando me la preguntan. Segundo, he llegado a ese punto de mi vida donde "entiendo" a mi mamá y siento un deseo casi incontrolable de decírselo.

Claro, dije que el deseo es "casi" incontrolable, así que el momento de darle la razón tardará un poco porque no voy a darle esa satisfacción así, tan fácilmente...

Nuestra familia no tuvo características convencionales, en parte porque ella misma nunca lo ha sido, pero además, la libertad de ser sólo nosotros tres (Ella, mi hermanito Luis Armando y yo) hizo que la infancia y, por qué no, hasta la adolescencia nuestra, estuviera dibujada con otros colores.

En casa siempre hubo regalos sorpresa, de esos que aparecen porque sí: una buena nota en el cole, una buena noticia que celebrar, un logro alcanzado, una necesidad urgente de ánimo. Cualquier excusa era válida para recibir un paquete grande o chiquito que contenía algo especial.

En casa siempre hubo estrenos navideños y de año nuevo, estrenos de cumpleaños, estrenos de día del niño y hasta de día de Reyes. Y no hablo sólo de una camisa o unos zapatos, no señor, era la pinta completa de adentro hacia afuera y ¡TODO combinado!

En casa los cumpleaños eran súper importantes, con cantada de cumpleaños feliz antes de salir de casa, torta esperando en el colegio y en la casa, tarjeta en el regalo y permiso de acostarse tarde aunque fuera día de semana. Era tan importante que, durante años, le celebrábamos el cumpleaños hasta a las muñecas y se les compraba torta, gorritos y serpentinas. 

En casa, y este es uno de mis primeros recuerdos, había incontables rollos de papel de camilla, que mi mamá usaba para que yo caminara con los pies pintados con tempera, siempre de un color diferente... 

Pasábamos horas pintando y divirtiéndonos, incluso cuando accidentalmente una pared resultaba salpicada. 
Con mi mamá, no había imposible artístico.

En casa se bailaba los domingos por la mañana y, si algún desafortunado accidente (como la ceja de Luis Armando atropellando al equipo de sonido) ocurría, mi mamá jamás apagaba la música. Se resolvía el problema, se curaba al herido (y se limpiaba el equipo de sonido, lógico) y seguíamos con nuestras coreografías. Aunque mi hermano se hizo más renuente a bailar, por razones obvias, mi mamá y yo lo seguimos haciendo por años.

En casa una cama matrimonial alcanzaba para tres personas que, a medida que fueron creciendo (y hablo de Luis A. porque yo tengo el mismo tamaño desde hace mucho) aprendieron a acomodarse y reacomodarse para compartir ese espacio. Ahí se hablaba de todo, hasta altas horas de la madrugada, sin respetar ni el descanso de los vecinos (que se tuvieron que calar nuestras risas) ni el nuestro. 

En casa, en MI hogar, fui feliz siempre, 
hasta cuando me parecía que no lo era...

Hoy, a mis 30 años, empiezo a buscar un espacio para construir mi propio hogar, donde tener mi propia "Despensa Mágica", donde poner música para bailar los domingos (por la tarde, porque la mañana es para dormir) donde decorar con fotos históricas y recuerditos de mi hogar venezolano, donde desordenar y después verme obligada a recoger porque nadie más lo hará por mí... 

Y siempre estará la voz guía de mi mamá, diciendo cómo guardar el mercado, dónde poner el TV, cuándo cambiar de lugar los muebles y por qué no está bien acostarse en la cama con la ropa que usé durante el día.

Extraño a mi mamá, extraño a mi hermano... Extraño mi casa y sus costumbres... Pero sobre todo, extraño los momentos en que mi familia dejaba al descubierto su peculiaridad, pero siempre en privado, cuando estábamos solamente los Chatrán!!!

lunes, mayo 16, 2011

Buuuuu ¡soy el fantasma de los 30!

El día más cliché para la vida de cualquier mujer está por alcanzarme y no sé cómo tomarlo… Los 30, hasta hace unas generaciones, implicaban la decadencia de la persona, el inicio del envejecimiento, de los dolores, las enfermedades y los achaques. 

Tener 30 era algo así como haber llegado a la cúspide 
y empezar a descender.

Pero en este siglo, los 30 han sido reinterpretados como el comienzo de la vida, de la independencia económica, emocional, social, el punto de partida para el éxito femenino, ese género ahora fuerte, capaz, de múltiples actividades y habilidades. Un éxito, además, que no se mide por la cantidad de hijos que tienes o cuántos años llevas con tu esposo, ¡ni siquiera necesitas uno! Así que confieso mi emoción ante la llegada de este momento.

Como en años anteriores, temo siempre que al despertarme el día 21, mi cara haya cambiado, que me hayan salido 100 canas más y todas en el mismo sector de la cabeza, que de pronto me crezca una horrenda panza o se me brote la celulitis. Sin embargo, si antes nunca ocurrió, supongo que este año amaneceré con la misma cara de destrucción post-celebración precumpleañera, el cabello violeta despeinado y el cuerpo recordándome (como lo hace desde que cumplí 25) que eso de rumbear hasta el día siguiente no es lo mío.

Son 30 y no hay nada que me avergüence de decirlo en voz alta… A pesar de que por allí, más de uno me haya dicho “mujer que se respeta, nunca dice su verdadera edad”. 
¿Por qué ocultar una edad que, aunque la diga, nadie me la cree?

Voy a cumplir los años que voy a cumplir, sin miedos, sin angustias, sin apuros. No tengo esposo ni hijos, tampoco carro, casa o lujos, pero logré acomodarme perfectamente en un país extraño por mi cuenta, soy independiente, hago lo que me gusta y tengo un trabajo que jamás me presenta el mismo reto dos días seguidos. Estoy acompañada por un hombre que sabe lo que quiere y coincide conmigo en los planes futuros, pero vivimos sin ningún apuro, sin presiones.

Nunca aspiré tener una vida convencional, pero sí quise tener una vida construida por mis propios sueños, deseos e ideas, que podría no parecerse a esa que nos venden en la tv y nos inculcan en casa, pero que tiene todos los elementos para ser la vida perfecta para mí.

Tengo todo lo que necesito para cumplir 30 años y celebrarlo, para estar orgullosa de mi pasado e ilusionada con mi futuro pero, sobre todo, para disfrutar el presente, el aquí y el ahora, 
mi mejor regalo de cumpleaños!!!

martes, abril 05, 2011

Teoría de Parejas I

Creo que nunca había tenido que preguntarme si es necesario negociar qué lado de la cama pertenece a quién, hasta ayer, cuando mi novio me aviso que compró "nuestra" cama.

Lo gracioso es que desde que tengo memoria, me he apoderado de camas grandes y chicas, muy a pesar de mi estatura, sin respeto alguno por las preferencias de otro (que ha sido en la mayoría de los casos mi mami, porque sí, me encantaba dormir con mi mami)

Anoche, cuando hablaba con él por teléfono, mientras cerraba el negocio y cuadraba la entrega de la cama, recordaba que hace varios años compré un magnífico y algo exagerado juego de cuarto para "cuando me case". Nunca ocurrió, pero disfruté de esa enorme cama cada noche, sola, gigante, durmiendo cabeza arriba, cabeza abajo, diagonal, con las piernas colgando... En cualquier posición que pudiera, total, era MI cama y podía hacer lo que quería.

De verdad estoy preocupada: ¿preferirá el lado izquierdo o el derecho? ¿es de los que tienden la sábana tipo hotel o más bien lanza el cobertor encima y ya? ¿usa todas las almohadas? ¿me dejará comer en la cama? ¿pintarme las uñas en la cama? ¡¿saltar en la cama?!

Será hasta mañana en la noche que tenga oportunidad de aclarar algunas de estas dudas (lo de saltar en la cama lo intentaré cuando la relación esté un poco más avanzada) pero por ahora me ilusiona la idea de que él haya comprado el tipo de colchón que a mí me gusta, el tipo de almohada que prefiero y se haya ido a dormir pensando que hay una mitad de esa cama que es mía...